La parte izquierda del sistema, como la vive cada involucrado desde su teléfono. Encima de cada pantalla, qué momento es y qué hace el sistema.
La Agenda no nace en una oficina: se convoca el taller, la plataforma entrega el material, y se registra qué se acordó — sin nombres.
Marleny, titular de la unidad de agencia, abre el capítulo 0. Los diez capítulos de la metodología nacional, conversando o por formulario: las mismas reglas.
Recurso que se valoriza o problema que pide ayuda; sube solo al volver la señal y actualiza su capítulo.
El Consejo de la Agenda —el del capítulo 2— adopta con su protocolo y su plazo; la decisión queda en acta.
Corantioquia contrasta con la serie y el umbral, valida, abre el Caso ABC y traslada con acuse cuando hace falta.
Marleny sigue su reporte paso a paso: recibido, contrastado, adoptado, validado — sin preguntar a nadie.
Ya no es un documento que envejece: cada reporte validado la actualiza. Tres miradas: la promotora su obra, la autoridad su jurisdicción, el Ministerio la suma.
Con la Agenda legitimada, una sola solicitud llama a varios apoyos a la vez — plata, protección o asesoría — cada uno con su plazo y su acuse.
El catálogo se filtra con lo que la Agenda pidió; lo que falta llega como plantilla, no como error.
Sobre el mismo registro, sin recopiar nada: el Comité vigila el programa, el Ministerio ve el país, y cualquier vecino ve su municipio.
Las Agendas activas, la alerta del relevo que llega sola, y el consolidado que se arma del registro.
Qué está pasando, qué requiere decisión, qué se comprobó — y el clic que baja hasta el caso. La versión de pared es la Sala.
Sin cuenta: el vecino escribe su municipio y ve su Agenda, sus respuestas y su brecha.
La Corporación compra los cupos (~10 por localidad); la UNAD selecciona equipos de cuatro perfiles.
El registro es del grupo: diez registrados, una reporta, y quién reporta se cambia sin rehacer nada.
La formación es de la UNAD, fuera del sistema; la registración del certificado es lo que habilita.